Los tres crimenes de Arsene Lupin
Los tres crimenes de Arsene Lupin El emperador se impacientó.
–Ese hombre, usted ni siquiera sabe quién es.
–Lo sabré, señor. Y lo lograré saber yo sólo. Y él sabe también que soy el único que puedo averiguarlo. Soy su único enemigo. Soy el único que le ataca. Es a mà a quien querÃa alcanzar el otro dÃa con las balas de su revólver. Es a mà a quien le bastaba narcotizarme esta noche, para quedar libre y actuar a su gusto. El duelo es entre él y yo. El resto del mundo no tiene nada que ver en esto. Nadie puede ayudarme a mÃ, ni nadie puede ayudarle a él. Somos dos y eso es todo. Hasta ahora la suerte le ha ayudado a él. Pero, a fin de cuentas, es inevitable, es fatal que yo triunfe.
–¿Por qué?
–Porque yo soy el más fuerte.
–¿Y si él os mata?
–No me matará. Le arrancaré las garras y le reduciré a la impotencia. Y me apoderaré de las cartas. No hay poder humano que pueda impedirme el adueñarme de ellas.