Los tres crimenes de Arsene Lupin
Los tres crimenes de Arsene Lupin Hablaba con un tono violento de convicción y de certidumbre, que daba a las cosas que predecía la apariencia real de cosas ya realizadas.
El emperador no podía menos de experimentar un sentimiento confuso, inexplicable, en el que había una especie de admiración y mucho también de esa confianza que Lupin exigía de manera tan autoritaria. En el fondo, si dudaba, era sólo por el escrúpulo de emplear a este hombre y de convertirle, por así decir, en aliado suyo. Y preocupado, no sabiendo qué partido tomar, paseaba desde la galería a las ventanas sin pronunciar palabra.
Al fin dijo:
–¿Y quién nos asegura que las cartas fueron robadas esta noche?
–El robo ha dejado la huella de la fecha, señor.
–¿Qué quiere decir con eso?
–Examine la parte interior de la pared que disimulaba el escondrijo. La fecha está inscrita con tiza blanca: medianoche del veinticuatro de agosto.