Los tres crimenes de Arsene Lupin
Los tres crimenes de Arsene Lupin –En efecto…, en efecto -murmuró el emperador, sorprendido-. ¿Cómo no lo habÃa visto yo?
Y dejando traslucir su curiosidad, agregó:
–Es como esas dos enes pintadas sobre la muralla…, no me lo explico. Ésta es la sala de Minerva.
–Pero ésta es también la sala donde durmió Napoleón, emperador de los franceses -manifestó Lupin.
–¿Qué sabe usted de eso?
–Preguntadle a Waldemar, señor. En cuanto a mÃ, cuando examiné el diario del viejo doméstico, me sentà como iluminado por un relámpago. Comprendà que lo mismo Sholmes que yo habÃamos seguido un camino falso. Apoon, la palabra incompleta que escribió el gran duque Hermann en su lecho de muerte, no es una contracción de la palabra Apollon, sino de la palabra Napoleón.
–Exacto…, tiene usted razón -dijo el emperador-. Las mismas letras se encuentran en las dos palabras y siguen el mismo orden. Es evidente que el gran duque lo que quiso escribir fue Napoleón. Pero ¿y esa cifra ochocientos trece?