Los tres crimenes de Arsene Lupin
Los tres crimenes de Arsene Lupin El otro quedó inmóvil, con el rostro amarillo de miedo.
Alrededor de ellos, la pequeña sala habÃa quedado vacÃa. Al lado, en el restaurante, tres señores fumaban y dos parejas pasaban el tiempo tomando licores.
–Ya ves, aquà estamos a solas…, podemos hablar.
–¿Quién es usted? ¿Quién es usted?
–¿No me recuerdas, acaso? Sin embargo, recuerda el famoso almuerzo en la villa Dupont… Fuiste tú mismo, viejo pÃcaro, quien me ofreció el plato de pasteles envenenados…, ¡y qué pasteles!…
–¡El prÃncipe!…, ¡el prÃncipe! – balbució el otro.
–SÃ, el prÃncipe Arsenio, el prÃncipe Lupin en persona… ¡Ah, ya respiras!… Te estás diciendo que nada tienes que temer de Lupin, ¿no es asÃ? Pues es un error, amigo mÃo, porque tienes que temerlo todo de él.