Los tres crimenes de Arsene Lupin
Los tres crimenes de Arsene Lupin Sacó del bolsillo una tarjeta y se la mostró.
–Mira, aquà tienes; ahora soy de la PolicÃa… Qué quieres hacerle, es siempre asà cómo terminamos nosotros…, nosotros, los grandes señores del robo, los emperadores del crimen.
–¿Qué quiere usted? – dijo el mayordomo, cada vez más inquieto.
–Ahora quiero que vayas a atender aquel cliente que te está llamando allÃ. Cuando le hayas servido, vuelve aquÃ. Y, sobre todo, nada de bromas; no intentes largarte. Tengo diez agentes que están ahà fuera y que tienen los ojos puestos en ti. Anda, vete.
El mayordomo obedeció.
Cinco minutos después habÃa regresado, y en pie ante la mesa, con la espalda vuelta al restaurante, haciendo como si discutiera con los clientes sobre la calidad de los cigarros, dijo:
–¿Y entonces? ¿De qué se trata?
Lupin alineó sobre la mesa unos cuantos billetes de cien francos.