Los tres crimenes de Arsene Lupin
Los tres crimenes de Arsene Lupin –¿Quién es ese señor?
–¿Aquel que está almorzando all�
–SÃ.
–Es un cliente. Viene aquà dos o tres veces por semana.
–¿Sabe usted su nombre?
–¡Caray!, sÃ… León Massier.
–¡Oh! – balbució Lupin, muy emocionado-. L. M…, las dos letras… ¿Será, acaso, éste Luis de Malreich?
Le contempló con avidez. En verdad, el aspecto de aquel hombre se ajustaba a la imagen que Lupin se habÃa forjado de él, a lo que sabÃa de él y de su horrible existencia. Pero lo que le turbaba era la mirada de muerte, aquellos ojos donde él habÃa pensado que habrÃa vida y llama… Aquella mirada impasible donde cabÃa suponer el tormento, el desorden mental, la poderosa mueca de los grandes malditos.
Le dijo al mozo: