Los tres crimenes de Arsene Lupin
Los tres crimenes de Arsene Lupin Y, sin embargo, ¿era esto posible? Lupin habÃa acabado por considerarle como a un ser a tal extremo fantástico, que se sentÃa desconcertado al verle en forma viviente, caminando, viviendo, actuando. No se explicaba que comiese como los demás pan y carne, que bebiese cerveza como cualquiera… Él, que lo habÃa imaginado igual a una bestia inmunda que se atiborrase de carne viva y de la sangre de sus victimas.
–Vamonos, Doudeville.
–¿Qué es lo que tiene usted, jefe? Está usted muy pálido.
–Siento necesidad de respirar aire fresco. Salgamos.
Afuera respiró largamente, se secó la frente cubierta de sudor, y murmuró:
–Ya me siento mejor. Me asfixiaba -y, dominándose, agregó-: Doudeville, el desenlace se acerca. Desde hace semanas estoy luchando a tientas contra un enemigo invisible. Y he aquà que de pronto la casualidad le pone en mi camino. Ahora la partida está igualada