Los tres crimenes de Arsene Lupin
Los tres crimenes de Arsene Lupin –Estoy obligado a ello, porque esa es la verdad. A usted le serÃa fácil, si tomara el transatlántico que realiza el viaje a Cochinchina, encontrar en Saigón las pruebas de la muerte del verdadero señor Lenormand, aquel magnÃfico hombre a quien yo sustituà y del cual le proporcionaré a usted el acta de fallecimiento.
–Bromas.
–Mi palabra, señor juez de instrucción; le confesaré que esto me es completamente indiferente. Si a usted le desagrada que yo sea el señor Lenormand, entonces no hablemos más de eso. Sà a usted le agrada creer que yo maté a Altenheim, lo dejo a su gusto. Se entretendrá usted en proporcionar pruebas de ello. Y le repito que todo eso no tiene ninguna importancia para mÃ. Considero todas las preguntas de usted y todas mis respuestas como nulas y que no concuerdan. La investigación que usted realiza no tiene valor, por la sencilla razón de que yo habré puesto pies en polvorosa cuando aquélla acabe. Solamente que…
Con descaro, tomó una silla y se sentó frente al señor Formerie, del otro lado de la mesa. Con tono seco dijo: