Los tres crimenes de Arsene Lupin
Los tres crimenes de Arsene Lupin E inmediatamente, irguiéndose y señalando al fondo del almacén, añadió:
–Por ahÃ…, por ese lado, se marchó él…, le oÃ…, estoy segura…, es preciso marcharnos. Os lo ruego…
–Usted antes que nada -le dijo Lupin.
–No, él primero…, golpéelo…, se lo ruego…, golpéelo.
El miedo ahora, en lugar de vencerla, parecÃa darle fuerzas inusitadas, y Dolores repetÃa en su inmenso deseo de librarse del implacable enemigo que la torturaba:
–Primero él…, no quiero seguir viviendo…, es preciso que usted me salve de él…, es preciso…, no quiero seguir viviendo.
Lupin la libró de las ligaduras, la tendió suavemente sobre el canapé, y le dijo:
–Tiene usted razón… Por lo demás, usted aquà no tiene nada que temer…, espéreme, regreso pronto…