Los tres crimenes de Arsene Lupin

Los tres crimenes de Arsene Lupin

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A pesar de toda su sangre fría y del dominio que tenía sobre sí mismo, Arsenio Lupin no lograba dominar la emoción que le invadía. ¿Lograría encontrar a Dolores Kesselbach? ¿Luis de Malreich habría llevado a la joven dama, bien sea a casa de él, o bien a la cochera del Chamarilero? Lupin le había quitado al Chamarilero la llave de aquella cochera, de modo que le fue fácil, después de haber llamado a la puerta y haber atravesado todos los patios, el abrir la puerta y penetrar en el almacén de trastos viejos.

Encendió su linterna y se orientó. Un poco a la derecha estaba el espacio libre donde él había visto a los cómplices celebrar su último conciliábulo.

Sobre el canapé, designado por el Chamarilero, advirtió una forma negra.

Envuelta en cobertores, amordazada, yacía allí Dolores…

Acudió en su auxilio.

–¡Ah!, estáis aquí…, estáis aquí-balbució ella-: ¿No os han hecho nada?


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