Los tres crimenes de Arsene Lupin
Los tres crimenes de Arsene Lupin Cuando él iba a alejarse, ella le tomó la mano vivamente, y le dijo:
–Pero ¿y usted?
–¿Qué?
–Si ese hombre…
Se hubiera dicho que ella temÃa aquel combate supremo al que le exponÃa y que, en el último momento, se hubiera sentido feliz de retener a Lupin.
Lupin murmuró:
–Gracias, esté tranquila. ¿Qué tengo que temer? Él está solo.
Y, abandonándola, se dirigió hacia el fondo. Conforme esperaba, descubrió una escala erguida y apoyada contra el muro; sirviéndose de ella subió hasta llegar al nivel de un pequeño tragaluz, desde el cual habÃa asistido a la reunión de los bandidos. Aquél era el camino que Malreich habÃa tomado para regresar a su casa de la calle Delaizement.