Los tres crimenes de Arsene Lupin
Los tres crimenes de Arsene Lupin Lupin siguió ese camino lo mismo que había hecho algunas horas antes, pasó a la otra cochera y bajó al jardín. Se encontraba detrás del pabellón ocupado por Malreich.
Cosa extraña, no dudó ni por un segundo que Malreich estuviese allí. Inevitablemente iba a encontrarse con él, y el formidable duelo que venían sosteniendo uno contra otro llegaría asi a su fin. Unos minutos más, y todo habría terminado.
Se sintió confundido. Cuando echó mano al picaporte de una puerta, aquél giró y la puerta cedió al empujarla. El pabellón ni siquiera estaba, pues, cerrado.
Atravesó una cocina, un vestíbulo y subió una escalera. Avanzaba resueltamente, sin siquiera preocuparse de amortiguar el ruido de sus pasos.
En el descansillo de la escalera se detuvo. El sudor corría de su frente y sus sienes latían bajo el aflujo de la sangre.
A pesar de ello conservaba la calma, sintiéndose dueño de sí y consciente de todos sus pensamientos.