Los tres crimenes de Arsene Lupin
Los tres crimenes de Arsene Lupin –No le creerán… ¿Por qué habrÃa de hacer yo eso? ¿Con qué objeto?
–¡Idiota! El objeto es tan visible que el propio Weber lo hubiera adivinado. Tú mientes cuando dices que no quieres aceptar un papel que ignoras. Ese papel tú lo conoces. Es el mismo que hubiera representado Pedro Leduc si no hubiera muerto.
–Pedro Leduc, para mi, para todo el mundo, no es más que una palabra. ¿Quién era él? ¿Quién era yo?
–¿Y qué es lo que eso puede importarte?
–Quiero saber. Quiero saber adonde voy.
–Y si lo sabes, ¿caminarás derecho delante de m�
–SÃ, siempre que el objetivo de que usted habla valga la pena.
–Y sin eso, ¿crees, acaso, que yo me hubiera dado tanto trabajo?