Los tres crimenes de Arsene Lupin
Los tres crimenes de Arsene Lupin Le trajeron un telegrama de Alemania. Era el desenlace esperado. El Consejo de Regencia, altamente influido por la corte de Berlín, había sometido la cuestión a unas elecciones en el gran ducado, y los electores, influidos a su vez por el Consejo de Regencia, habían afirmado su lealtad inquebrantable a la antigua dinastía de los Veldenz. El conde Waldemar, así como tres delegados de la nobleza, de las fuerzas armadas y de la magistratura, quedaron encargados a acudir al castillo de Bruggen, comprobar rigurosamente la identidad del gran duque Hermann IV y tomar, de acuerdo con su alteza, todas las disposiciones relativas a su entrada triunfal en el principado de sus padres, entrada que tendría lugar a principios del siguiente mes.
«Esta vez ya está -se dijo Lupin-. El gran poyecto del señor Kesselbach va a convertirse en realidad. Ya no queda más que hacer que avalar a mi Pedro Leduc ante Waldemar. Es un juego de niños. Mañana se publicarán las amonestaciones de Genoveva y de Pedro. Y será la prometida del gran duque la que será presentada a Waldemar.»
Completamente feliz salió en automóvil para el castillo de Bruggen.