Los tres crimenes de Arsene Lupin
Los tres crimenes de Arsene Lupin Acomodado en el automóvil, cantaba, silbaba y le hacÃa preguntas al chófer.
–Octavio, ¿sabes a quién tienes el honor de conducir? Al amo del mundo…; sÃ, amigo mÃo, ya veo que eso te sorprende. Pues bien: ésa es la verdad. Yo soy el amo del mundo.
Se frotó las manos, y, cual si monologara, prosiguió:
–A pesar de todo, resultó largo y difÃcil. Hace ya un año que la lucha comenzó. Cierto es que ésta fue la lucha más formidable que he sostenido jamás… ¡Diablos, qué guerra de gigantes!…
Y luego repitió:
–Pero esta vez ya está. Los enemigos se han hundido. Ya no existen obstáculos entre mi objetivo y yo. El terreno está libre de dificultades. Construyamos. Tengo los materiales a mano, tengo los obreros…; construyamos, Lupin. Y que el palacio construido sea digno de ti.