Los tres crimenes de Arsene Lupin
Los tres crimenes de Arsene Lupin Hizo detener el coche a unos centenares de metros del castillo, para que su llegada resultase más discreta, y le dijo a Octavio:
–Tú entrarás de aquà a veinte minutos, a las cuatro, e irás a depositar mis maletas en el pequeño chalet que se encuentra al extremo del parque. Es allà donde viviré.
Al llegar a la primera vuelta del camino apareció el castillo a lo lejos, al final de una avenida sombreada de tilos. En la distancia, bajo el pórtico, divisó a Genoveva.
Su corazón se emocionó dulcemente.
«Genoveva, Genoveva -dijo con ternura-. Genoveva…, la promesa que le hice a tu madre agonizante se ha realizado… Genoveva, gran duquesa…, y yo, la sombra, cerca de ella, velando por su felicidad y prosiguiendo las grandes combinaciones de Lupin.»