Los tres crimenes de Arsene Lupin
Los tres crimenes de Arsene Lupin –Mire su espejo, Dolores… ¿Al fin lo encontró?… Y tanto tiempo como llevo buscándolo… ¿Dónde estaba?
La muchacha se marchó, diciendo:
–Bueno, tanto mejor… Pero qué inquieta estaba usted… Voy a avisar inmediatamente para que ya no lo busquen más.
Lupin no se habÃa movido. Estaba confuso y trataba en vano de comprender. ¿Por qué Dolores no habÃa dicho la verdad? ¿Por qué no se habÃa explicado en relación con aquel espejo?
Se le ocurrió una idea, y dijo un poco al azar
–¿ConocÃa usted a Luis de Malreich?
–Sà -respondió ella, observando a Lupin y cual si se esforzara por adivinar los pensamientos que le asediaban.
Lupin se precipitó hacia ella en extremo agitado.