Los tres crimenes de Arsene Lupin
Los tres crimenes de Arsene Lupin Recordaba el silencio de Steinweg y el terror que experimentó el anciano cuando le habÃa pedido que le revelase el terrible secreto. Dolores lo sabÃa también…, y ella también callaba.
Sin decir una sola palabra, Lupin abandonó la estancia.
El aire libre, el espacio abierto, le hicieron bien. Pasó más allá de los muros del parque y erró durante largo tiempo por los campos. Hablaba en voz alta y decÃa:
–¿Qué ocurre? ¿Qué es lo que hay? Hace meses y meses que al propio tiempo que lucho y actúo, hago bailar al extremo de sus hilos a todos los personajes que deben contribuir a la ejecución de mis proyectos; y, durante ese tiempo, olvidé completamente el inclinarme sobre ellos y observar lo que se agita en su corazón y en su cerebro. No conozco a Pedro Leduc, no conozco a Genoveva, no conozco a Dolores… Y los he tratado como muñecos, cuando en realidad son personajes vivientes. Y ahora tropiezo con obstáculos…