Los tres crimenes de Arsene Lupin
Los tres crimenes de Arsene Lupin Golpeó el suelo con el pie y exclamó:
–Con obstáculos que no existen. El estado de alma de Genoveva y de Pedro no me importa…, ya estudiaré eso más tarde, en Veldenz, cuando yo haya hecho su felicidad. Pero Dolores… Ella conoce a Malreich y, sin embargo, no ha dicho nada… ¿Por qué? ¿Qué relaciones los unen? ¿Tiene ella miedo de él? ¿Tiene ella miedo de que él se fugue y corra a vengarse de una indiscreción?
Cuando llegó al coche, Lupin regresó al chalet que habÃa reservado para sà en el fondo del parque, cenó de muy mal humor, echando maldiciones contra Octavio que le servÃa unas veces demasiado lentamente y otras veces demasiado de prisa.
–Ya tengo bastante, déjame solo… Hoy no haces más que tonterÃas… ¿Y este café?… Es indecente…
Arrojó la taza aún medio llena, y después, durante dos horas, se paseó por el parque rumiando las mismas ideas. Al fin, en su mente se precisó una idea: