Los tres crimenes de Arsene Lupin
Los tres crimenes de Arsene Lupin «Malreich se ha escapado de la prisión y está aterrorizando a la señora Kesselbach… Él sabe ya por ella el incidente del espejo…»
Lupin se encogió de hombros, y se dijo:
«Y esta noche él va a venir a tirarte de los pies. Vamos, estoy diciendo desatinos. Lo mejor es que me acueste.»
Regresó a su habitación y se acostó. Inmediatamente se durmió con pesado sueño, agitado por pesadillas. Dos veces se despertó e intentó encender la lámpara, pero las dos volvió a caer dormido, como narcotizado.
Sin embargo, oyó sonar las campanadas de las horas en el reloj de la aldea…, o más bien creyó oírlas, pues estaba hundido en una especie de estupor en el que le parecía conservar todo su espíritu.
Se sintió alucinado por sueños de angustia y de espanto. Claramente escuchó el ruido de su ventana que se abría. Y claramente también, a través de sus párpados cerrados, a través de las espesas sombras, vio una forma que avanzaba.