Los tres crimenes de Arsene Lupin
Los tres crimenes de Arsene Lupin Y esa forma se inclinó sobre él.
Tuvo la energía increíble de levantar los párpados y mirar…, o cuando menos así se lo imaginó. ¿Soñaba? ¿Estaba despierto? Se preguntaba esto con desesperación.
Todavía otro ruido… A su lado, alguien tomaba la caja de cerillas.
«Voy a ver de una vez», dijo con una gran alegría.
Se oyó el crujido de una cerilla. La vela quedó encendida.
De la cabeza a los pies, Lupin sintió que el sudor brotaba de su piel, al propio tiempo que su corazón dejaba de latir, inmovilizado por el espanto. El hombre estaba allí
¿Era posible? No, no… Y, sin embargo, él veía… ¡Oh, qué aterrador espectáculo!… El hombre, el monstruo, estaba allí.
«No quiero…, no quiero…», balbució Lupin, enloquecido.