Los tres crimenes de Arsene Lupin
Los tres crimenes de Arsene Lupin El hombre, el monstruo, estaba allí, vestido de negro, con una máscara sobre el rostro, y el sombrero blando ocultando sus cabellos rubios.
«¡Oh, yo sueño…, sueño! – dijo Lupin, riendo-. Es una pesadilla…»
Con todas sus fuerzas, imponiéndose toda su voluntad, intentó hacer un ademán, uno solo, que alejara al fantasma.
Pero no lo logró.
Y de pronto recordó: la taza de café, el sabor de aquel brebaje…, semejante al gusto del café que había tomado en Veldenz. Lanzó un grito, hizo un último esfuerzo y volvió a caer agotado.
Pero en su delirio sentía que el hombre soltaba el cuello de su camisa, ponía al desnudo su garganta y alzaba el brazo… Y vio que su mano se crispaba sobre el mango de un puñal… Un pequeño puñal de acero, semejante a aquel que había matado al señor Kesselbach, a Chapman, a Altenheim y a tantos otros.