Los tres crimenes de Arsene Lupin
Los tres crimenes de Arsene Lupin Sobre el piso, en el reborde de la ventana, no habÃa huella alguna. Como su habitación se encontraba en la planta baja y él dormÃa con la ventana abierta, serÃa evidente que el agresor hubiera penetrado por allÃ.
No descubrió nada, asà como tampoco no encontró señal alguna al pie del muro exterior, ni sobre la arena del paseo que bordeaba el chalet.
«Sin… embargo, sin embargo…», repetÃa Lupin entre dientes.
Llamó a Octavio.
–¿Dónde preparaste el café que me diste anoche?
–En el castillo, jefe, como todo lo demás. Aquà no hay cocina.
–¿Y tú tomaste de ese café?
–No.
–¿Tiraste el que quedaba en la cafetera?