Los tres crimenes de Arsene Lupin
Los tres crimenes de Arsene Lupin Lupin miró largo tiempo a aquella criatura, imagen de la divinidad, tan digna de lástima y tan desamparada. Y sintió impulsos de callarse, de suspender el torturante interrogatorio que le infligía.
Pero ¿acaso no procedía él así para salvarla? Y para salvarla, ¿no era necesario que él supiese la verdad, por dolorosa que resultase?
Prosiguió:
–¿Y por qué esa falsedad?
–Es mi marido -balbució ella-. Fue él quien hizo eso. Con su fortuna, él lo podía todo, y antes de nuestro matrimonio consiguió de un empleado subalterno que éste cambiara en los libros de registro el nombre del segundo hijo de la familia.
–Que cambiara el nombre y el sexo -dijo Lupin.
–Sí -confirmó ella.
–Así, pues -continuó él-, yo no me había equivocado: el antiguo nombre, el verdadero, era Dolores. Pero ¿por qué su marido…?