Los tres crimenes de Arsene Lupin
Los tres crimenes de Arsene Lupin –¡Va! ¿Acaso es indispensable?
–SÃ, indispensable.
–¿Hacer trabajar a uno de los maestros de la abogacÃa, con vistas a unos debates tan… problemáticos?
–Es preciso.
–En ese caso, escojo al abogado Quimbel.
–El decano. Le felicito, estará usted bien defendido.
Esta primera sesión habÃa terminado. Al bajar la escalera de la Ratonera, colocado entre los dos Doudeville, el detenido susurró en menudas frases imperativas:
–Que vigilen la casa de Genoveva… Que estén allà siempre cuatro hombres… Y también a la señora Kesselbach… Las dos están amenazadas. Van a registrar la villa Dupont… Estén ustedes allÃ. Si descubren a Steinweg, arreglároslas para que se calle… Unos pocos de polvos, si es necesario.
–¿Cuándo quedará usted en libertad, jefe?