Los tres crimenes de Arsene Lupin
Los tres crimenes de Arsene Lupin Sonrió.
–Desgraciadamente -añadió-, la revelación de usted tiene un gran defecto.
–¿Cuál?
–Que todo eso, señor Lupin, no constituye más que una enorme fantasÃa… ¿Qué quiere usted? Yo comienzo a conocer ya sus supercherÃas, y cuanto más oscuras me parecen, más desconfÃo.
–Idiota -gruñó Lupin.
El señor Formerie se levantó, y dijo:
–Hemos terminado. Como usted ve, esto no era más que un interrogatorio de pura fórmula…, poner a uno en presencia de otro, a dos duelistas. Ahora que las espadas están cruzándose, ya no me falta más que el testigo obligatorio de ese choque de armas: su abogado.