Los tres crimenes de Arsene Lupin
Los tres crimenes de Arsene Lupin Luego, Lupin la miró de nuevo largo tiempo, y se preguntó qué podría haber oculto detrás de aquella hermosa y pura frente… ¿Qué secreto atormentaba aquella alma misteriosa? ¿Tenía ella miedo también? Pero ¿de quién? ¿Contra quién suplicaba ella que la protegiese?
De nuevo, Lupin se sintió obsesionado por la imagen del hombre de negro, de aquel Luis de Malreich, enemigo tenebroso e incomprensible, cuyos ataques tenía que contener sin saber de dónde venían y ni siquiera si iban a producirse.
¡Qué importaba que el monstruo estuviese en la prisión vigilado día y noche!… ¿Acaso no sabía Lupin por propia experiencia que hay seres para quienes la prisión no existe y que se liberan de sus cadenas en el minuto fatídico? Y Luis de Malreich era de ésos.
Sí, cierto es que había un alguien en la prisión de la Santé, en la celda de los condenados a muerte. Pero ése podía ser un cómplice, o bien otra víctima de Malreich… Mientras él, el propio Malreich, rondaba en torno al castillo de Bruggen, se deslizaba a favor de las sombras como un fantasma invisible, penetraba en el chalet del parque, y, en la alta noche, alzaba su puñal sobre Lupin dormido y paralizado.