Los tres crimenes de Arsene Lupin
Los tres crimenes de Arsene Lupin Y era Luis de Malreich quien aterrorizaba a Dolores, quien la enloquecía con sus amenazas, quien la tenía prisionera suya por algún secreto temible y la obligaba al silencio y a la sumisión.
Y Lupin imaginaba el plan del enemigo: arrojar a Dolores, desconcertada y temblorosa, en los brazos de Pedro Leduc; suprimirle a él, Lupin, y reinar en su lugar con el poder de un gran duque y los millones de Dolores.
Hipótesis probable, hipótesis segura, que se adaptaba a los acontecimientos y proporcionaba una solución a todos los problemas.
«¿A todos? – objetaba Lupin-. Sí… Pero, entonces, ¿por qué no me mató esta noche en el chalet? No tenía más que querer hacerlo, pero no lo quiso. Un ademán y yo estaría muerto. Ese ademán él no lo hizo. ¿Por qué?»
Dolores abrió los ojos, le vio y sonrió con pálida sonrisa.
–Déjeme usted -suplicó ella.