Los tres crimenes de Arsene Lupin
Los tres crimenes de Arsene Lupin Lupin se levantó, titubeante. ¿IrÃa a ver si el enemigo estaba oculto detrás de la cortina o escondido detrás de las ropas colgadas en aquel armario?
Ella repitió dulcemente:
–Vayase…, voy a dormir…
Lupin se fue.
Ya fuera, se detuvo bajo los árboles que formaban un macizo de sombras delante de la fachada del castillo. Vio luz en el gabinete de Dolores. Luego esa luz pasó al dormitorio. Al cabo de unos minutos se hizo la oscuridad.
Esperó. Si el enemigo estaba allÃ, ¿saldrÃa acaso del castillo?
Transcurrió una hora… Dos horas… Ningún ruido.
«No hay nada que hacer -pensó Lupin-. O bien él se ha encerrado en algún rincón del castillo…, o bien ha salido por una puerta que yo no puedo ver desde aquÃ… A menos que todo eso sea, por mi parte, la más absurda de las hipótesis…»