Los tres crimenes de Arsene Lupin
Los tres crimenes de Arsene Lupin Encendió un cigarrillo y regresó hacia el chalet.
Cuando se acercaba, divisó, bastante lejos todavía, una sombra que parecía alejarse.
Permaneció quieto por temor a provocar alarma.
La sombra cruzó una avenida. A la claridad de la luna le pareció reconocer en aquella sombra la silueta negra de Malreich.
Se lanzó tras él.
La sombra huyó y desapareció.
«Vamos -se dijo-. Será mañana. Y esta vez…»