Los tres crimenes de Arsene Lupin
Los tres crimenes de Arsene Lupin Por prudencia tomó un cobertor, escogió un lugar del parque bien aislado y durmió allà bajo las estrellas.
A eso de las once de la mañana se presentó Octavio ante él.
–Ya está hecho, jefe. El telegrama fue enviado.
–Muy bien. Y Luis de Malreich, ¿continúa en la prisión?
–SÃ, continúa allÃ. Doudeville pasó frente a su celda ayer noche en la Santé. El carcelero salÃa de la celda. Habló con él. Malreich continúa siendo el mismo, al parecer: mudo como una estatua. Espera.
–¿Y qué es lo que espera?
–¡Caramba!, la hora fatal. En la Prefectura se dice que la ejecución tendrá lugar pasado mañana.
–Tanto mejor, tanto mejor -dijo Lupin-. Lo que está más claro es si se ha evadido o no.