Los tres crimenes de Arsene Lupin
Los tres crimenes de Arsene Lupin –No, no pasaremos.
–SÃ. ¡Ah, maldita sea!…
Un estrépito…, exclamaciones, el coche habÃa chocado con el tranvÃa, y luego, rechazado contra una empalizada, habÃa derribado diez metros de tablas y finalmente se habÃa aplastado contra el ángulo del talud.
–Chófer, ¿está usted libre?
Era Lupin que, tumbado sobre la hierba del talud, llamaba a un taxi.
Se incorporó, vio su coche hecho pedazos y a la multitud que se apresuraba en torno a Octavio, y saltó dentro del vehÃculo de alquiler.
–Al Ministerio del Interior, en la plaza de Beauvau… Veinte francos de propina…
E instalándose dentro del coche y hablando para sà mismo, dijo: