Los tres crimenes de Arsene Lupin
Los tres crimenes de Arsene Lupin «¡Ah, no, él no morirá…, no, mil veces no; no tendré esa carga sobre mi conciencia. Ya es bastante con haber sido juguete de esa mujer y haber caÃdo en la red como un colegial… Alto ya. Se acabaron los errores. Hice detener a ese desgraciado… Le hice condenar a muerte… Le llevé hasta el propio pie del cadalso…, pero no subirá a él… Eso no. Si subiera, no me quedarÃa más que meterme una bala en la cabeza.»
Se acercaban a la barrera Se inclinó hacia adelante, y le dijo al conductor
–Veinte francos más si no te detienes.
Y frente al fielato gritó:
–¡Servicio de seguridad!
Pasaron.
–Pero no aminores la marcha, maldito -aulló Lupin-. Más rápido…, más rápido todavÃa. ¿Tienes miedo de rozar a las señoras ancianas? Aplástalas de una vez. Yo pago los daños.
En breves minutos llegaron al Ministerio de la plaza de Beauvau.