Los tres crimenes de Arsene Lupin
Los tres crimenes de Arsene Lupin Lupin cruzó a toda prisa el patio y subió los peldaños de la escalera de honor. El antedespacho estaba lleno de gente. Sobre una hoja de papel escribió: «Príncipe Semine», y empujando a un ujier hacia un rincón le dijo:
–Soy yo, Lupin. No me reconoces, ¿verdad? Fui yo quien te proporcionó este empleo; un buen retiro, ¿eh? Pero ahora tienes que introducirme en el despacho inmediatamente. Vete, presenta la hoja con mi nombre. No te pido más que eso. El presidente te lo agradecerá, puedes estar seguro… Y yo también… Pero anda, idiota. Valenglay me espera…
Diez minutos después, el propio Valenglay asomaba la cabeza por la puerta de su oficina, y ordenaba:
–Que entre «el príncipe».
Lupin se precipitó dentro del despacho, cerró rápidamente la puerta, y, cortándole la palabra al presidente, dijo: