Los tres crimenes de Arsene Lupin
Los tres crimenes de Arsene Lupin –¿En qué? – preguntó la anciana con ansiedad.
–Ayudarme a vivir…
–¡Oh! – exclamó ella-. A tal extremo has llegado, pobre hijo mÃo…
–Sà -respondió él con sencillez y con sincero dolor-. SÃ, a eso he llegado. Acaban de morir tres seres a quienes yo maté con mis propias manos. El peso de ese recuerdo es demasiado agobiante. Estoy solo. Por primera vez en mi vida tengo necesidad de ayuda. Y tengo derecho a pedirle ayuda a Genoveva. Y su deber es concedérmelo… Si no…
–¿Si no, qué?
–Todo habrá acabado.
La anciana se calló, pálida y temblorosa. Volvió a resurgir en ella todo su antiguo afecto por aquel a quien habÃa amamantado antaño y que, a pesar de todo, todavÃa continuaba siendo, para ella, «su pequeño». Preguntó:
–¿Y qué harás de ella?