Los tres crimenes de Arsene Lupin
Los tres crimenes de Arsene Lupin Lupin la vio de cara. Vio sus ojos sonrientes. Tenía una flor en la mano y estaba desprendiendo uno a uno los pétalos, a la par que daba explicaciones a las niñas, que escuchaban con atención y curiosidad. Después las interrogó. Y cada respuesta le valía a la alumna la recompensa de un beso.
Lupin la observó largo rato con una emoción mezclada de angustia infinita. Todo un mundo de sentimientos ignorados fermentaba dentro de él. Sentía ansias de apretar contra su corazón a aquella hermosa joven, besarla y decirle el respeto y el afecto que por ella experimentaba. Y recordando a la madre, muerta en la pequeña aldea de Aspremond, muerta de pena…
–Llámala, pues -le dijo Victoria.
Lupin se dejó caer sobre una butaca, balbuciendo:
–No quiero… No puedo… No tengo derecho… Es imposible… Que me crea muerto… Es mejor así…