Los tres crimenes de Arsene Lupin
Los tres crimenes de Arsene Lupin Lupin se sintió estremecido por los sollozos, trastornado por una inmensa desesperación, henchido de una ternura que brotaba de lo más intimo de él, como esas flores tardÃas que mueren el mismo dÃa en que se abren.
La anciana se arrodilló, y con voz temblorosa le dijo:
–Es tu hija, ¿verdad?
–SÃ, es mi hija.
–¡Oh pobre hijo mÃo! – dijo ella, llorando-. Pobre hijo mÃo…