Los tres crimenes de Arsene Lupin
Los tres crimenes de Arsene Lupin –¿Se empeña usted en que yo quede como deudor?
–SÃ, señor.
El emperador miró una última vez aquel hombre extraño que se erguÃa ante él como un igual. Luego inclinó ligeramente la cabeza y, sin pronunciar una palabra más, se alejó.
–¡Vaya con su majestad! Le he cerrado una salida -dijo Lupin, siguiendo al emperador con la mirada.
Y filosóficamente agregó:
–En verdad, la revancha es insignificante, y me hubiera gustado mucho más recobrar Alsacia y Lorena… Pero, de todos modos…
Se interrumpió y golpeó el suelo con un pie.
–¡Condenado Lupin! Serás siempre el mismo, hasta el último minuto de tu existencia, odioso y cÃnico. Serenidad, sangre frÃa, ha llegado la hora… Ahora o nunca.