Los tres crimenes de Arsene Lupin
Los tres crimenes de Arsene Lupin –Por el contrario, usted le atribuye tanta importancia y realiza usted la misión que yo le encargué con un entusiasmo tan digno de elogios, que ya a estas horas el subjefe de Seguridad está en vÃas de realizar él mismo un registro allÃ.
El señor Formerie pareció desconcertado y balbució:
–¡Qué invención! El señor Weber y yo tenemos otros gatos a los que dar latigazos y no a ése.
En ese momento, un ujier entró y dijo unas palabras al oÃdo del señor Formerie.
–Que entre -exclamó el juez de instrucción-. Que entre.
Y luego, levantándose precipitadamente, dijo:
–¡Hola, señor Weber! ¿Qué hay de nuevo? ¿Ha encontrado usted a ese hombre?
Ni siquiera se daba el trabajo de disimular, tanta era su prisa por enterarse.