Los tres crimenes de Arsene Lupin
Los tres crimenes de Arsene Lupin Lupin observaba al carcelero con el rabillo del ojo. Aquél escuchaba con viva atención, con el busto inclinado y ansioso de sorprender el significado secreto de las palabras cambiadas entre Lupin y su visitante.
–¿De modo que…?-preguntó Lupin.
–De modo que, mi querido prÃncipe, le suplico que reúna todos sus recuerdos respecto a ese documento impreso, redactado en cuatro idiomas, y cuyo comienzo, cuando menos, guardaba relación…
Un puñetazo en la mandÃbula, un poco por debajo de la oreja…, y el jefe de los carceleros se tambaleó durante unos segundos, y después, como una masa, sin un gemido, cayó en los brazos de Lupin.
–Un buen golpe, Lupin -dijo éste-. Es una tarea limpiamente «ejecutada». Escuche, Steinweg. ¿Tiene usted ahà cloroformo?
–¿Está seguro de que se ha desvanecido?
–Vaya si lo estoy. Tiene para tres o cuatro minutos… Pero eso no bastará.