Los tres crimenes de Arsene Lupin
Los tres crimenes de Arsene Lupin –¿Y tú aceptas?
–El hombre que me salvó de la muerte, puede disponer de mà como quiera. Por muchos que sean los servicios que yo pueda prestarle, continuaré siendo siempre deudor suyo.
–Antes de entregar tu secreto, debes reflexionar en la situación en que yo me encuentro… Soy un prisionero reducido a la impotencia…
Steinweg se echó a reÃr, y replicó:
–No, te lo ruego, no bromeemos. Yo habÃa entregado mi secreto a Kesselbach porque era rico y porque él podÃa, mejor que nadie, sacarle partido; pero aunque estés preso y reducido a la impotencia, te considero cien veces más poderoso de lo que era Kesselbach con sus cien millones.
–¡Oh, oh!