Los tres crimenes de Arsene Lupin
Los tres crimenes de Arsene Lupin Trató de ocultarse arrimándose contra la pared, junto a la puerta. Ésta se abrió. Lupin la volvió a cerrar violentamente, sacudiendo a un hombre que acababa de entrar…, un carcelero, que lanzó un grito. Lupin le agarró de la garganta -¡Cállate, amigo mÃo! Si protestas, estás perdido. Le tendió sobre el suelo.
–¿Vas a portarte bien?… ¿Comprendes tu situación? ¿SÃ? Perfecto… ¿Dónde tienes el pañuelo? A ver tus puños ahora… Bueno, ya estoy tranquilo. Escucha… Te mandaron aquà por precaución, ¿verdad?, para ayudar al jefe de los carceleros en caso de necesidad. Excelente medida, pero un poco tardÃa. Ya ves, el jefe de los carceleros está muerto… Si te mueves, si gritas, te pasará lo mismo.
Tomó las llaves de aquel hombre e introdujo una de ellas en la cerradura.
–Asà ya estamos tranquilos.
–Estás tranquilo tú…, pero ¿y yo? – observó el viejo Steinweg.