Poesia
Poesia si ya el cielo dichoso no le mira,
huir la torpe afrenta:
o arde oso en ira;
30 o, hecho jabalí[136], gime y suspira.
No fíes en viveza;
atiende al sabio rey solimitano[137];
no vale fortaleza,
que al vencedor gazano
35 condujo a triste fin femenil mano[138].
Imita al alto griego[139],
que, sabio, no aplicó la noble antena[140]
al enemigo ruego
de la blanda Serena,
40 por do por siglos mil su fama suena.
Decía, comoviendo
el aire en dulce son: «La vela inclina,
que, del viento huyendo,
por los mares camina,
45 Ulises, de los griegos luz divina.
Allega, y da reposo
al inmortal cuidado; y entretanto
conocerás curioso
mil historias que canto,
50 que todo navegante hace otro tanto.
Todos de su camino
tuercen a nuestra voz y, satisfecho
con el cantar divino