Poesia
Poesia Las selvas conmoviera,
las fieras alimañas, como Orfeo,
si ya mi canto fuera
igual a mi deseo,
5 cantando el nombre santo Zebedeo[268].
Y fueran sus hazañas
por mí con voz eterna celebradas,
por quien son las Españas
del yugo desatadas
10 del bárbaro furor[269], y libertadas.
Y aquella nao dichosa,
del cielo esclarecer merecedora,
que joya tan preciosa[270]
nos trujo, fuera agora
15 cantada del que en Citia y Cairo mora[271].
Osa el cruel tirano[272]
ensangrentar en ti su injusta espada.
No fue consejo humano:
estaba a ti ordenada
20 la primera corona[273], y consagrada.
La fe que a Cristo diste
con presta diligencia has ya cumplido;
de su cáliz bebiste,
apenas que subido
25 al cielo retornó, de ti partido[274].
No sufre larga ausencia,