Poesia
Poesia No menos elocuentes que esas reinterpretaciones son las ausencias: fray Luis deja fuera de su poesía aquellos aspectos que resultan difíciles de asimilar a sus creencias religiosas. Su horacianismo, por ejemplo, tiene un sesgo muy preciso, pues desdeña del poeta latino los versos de amor, los elogios del vino y la embriaguez y, en general, los pasajes de mayor hedonismo. Por motivos análogos, y que fácilmente se comprenden, prefiere olvidar las frecuentes defensas del suicidio que se encuentran en los autores estoicos. Otras veces es el pensamiento cristiano el que se eclipsa. Así, se ha observado que el poeta suele hablar de error y de engaño, y no de pecado; es decir, prefiere enfocar el problema del mal desde una perspectiva filosófica más que religiosa. Podría añadirse que las referencias a la condenación eterna son secundarias en sus versos. La codicia encuentra su propio castigo en sí misma, en la zozobra y la angustia que la acompañan (V). Es cierto que al juez avaro se le amenaza con «males no finibles» (XVI, V. 30), pero en el poema tienen más peso los remordimientos, la inquietud y el olvido en que caerá su nombre. La «Profecía del Tajo» (VII) en ningún momento presenta la invasión musulmana como un castigo divino, sino como el resultado de un tenebroso juego de pasiones humanas. La síntesis de mundo cristiano y mundo pagano no se consigue sin modificar, y acaso traicionar, a uno de los dos elementos: en ocasiones, el precario equilibrio se rompe a favor de la herencia clásica; otras, las más, a favor del cristianismo.