El Misterio del cuarto amarillo
El Misterio del cuarto amarillo —Miren —exclamó Rouletabille—, de nuevo aparecen los pasos de la huida del hombre; aquà rodean el estanque, vuelven y desaparecen por fin cerca del estanque, justo delante de ese sendero que lleva a la carretera general de Epinay. El hombre prosiguió su huida hacia ParÃs…
—¿Qué le hace creer esto —le interrumpà yo—, si ya no siguen los pasos del hombre por el sendero?…
—¿Qué me lo hace creer? ¡Pues estos pasos, los pasos que yo aguardaba! —exclamó señalando la huella muy nÃtida de un «paso elegante»—. ¡Miren!…
E interpeló a Frédéric Larsan.
—Señor Fred —gritó—, los pasos elegantes de la carretera están allà desde el descubrimiento del crimen, ¿no es verdad?
—SÃ, jovencito, sÃ; han sido cuidadosamente recogidos —respondió Fred sin levantar la cabeza—. Como ve, hay pasos que vienen y pasos que van.
—¡Y ese hombre tenÃa una bicicleta! —exclamó el reportero.
En esto, después de examinar las huellas de la bicicleta, que, a la ida y a la vuelta seguÃan a los pasos elegantes, creà poder intervenir.