El Misterio del cuarto amarillo
El Misterio del cuarto amarillo HacÃa una hora —cuenta el secretario— que el juez de instrucción y yo nos encontrábamos en el «Cuarto Amarillo», con el contratista que habÃa construido el pabellón siguiendo los planos del profesor Stangerson. El contratista vino con un obrero. El señor Marquet mandó limpiar del todo las paredes, es decir, mandó al obrero quitar todo el papel que las decoraba. Picos y piquetas aquà y allà demostraron la inexistencia de cualquier tipo de abertura.
El parquet y el techo habÃan sido sondeados largamente. No habÃamos descubierto nada. No habÃa nada que descubrir. El señor Marquet parecÃa encantado y no dejaba de repetir:
—¡Qué caso! ¡Qué caso, señor contratista! Verá cómo no sabremos nunca por dónde pudo el asesino salir de este cuarto.
De repente, el señor Marquet, con el rostro radiante, porque no entendÃa, tuvo a bien recordar que era su deber comprender, y llamó al sargento de la gendarmerÃa.
—Sargento —dijo—, vaya al castillo y diga al señor Stangerson y al señor Robert Darzac, asà como al tÃo Jacques, que vengan a reunirse conmigo al laboratorio, y mande a sus hombres que me traigan también a los dos porteros.