El Misterio del cuarto amarillo
El Misterio del cuarto amarillo —Señor jefe de la Seguridad, el crimen parece ser vilmente pasional —replicó el señor Marquet—. Las huellas dejadas por el asesino, el pañuelo vulgar y la boina innoble nos llevan a creer que el asesino no pertenecÃa a una clase muy alta de la sociedad. Quizá los porteros puedan informarnos a este respecto…
El jefe de la Seguridad, volviéndose hacia el señor Stangerson y adoptando un tono frÃo que, a mi parecer, es la marca de las inteligencias sólidas y de los caracteres enérgicos, prosiguió:
—¿No iba a casarse próximamente la señorita Stangerson?
El profesor miró dolorosamente a Robert Darzac.
—Con mi amigo, a quien me hubiese sentido feliz de llamar hijo…, con el señor Robert Darzac…
—La señorita Stangerson está mucho mejor y se repondrá rápidamente de sus heridas. Es una boda simplemente aplazada, ¿no es asÃ, señor? —insistió el jefe de la Seguridad.
—Eso espero.
—¡Cómo! ¿No está usted seguro de ello?
El señor Stangerson calló. Robert Darzac pareció agitado, cosa que noté en un temblor de su mano sobre la cadena de su reloj, pues no se me escapa nada. El señor Dax tosiqueó como hacÃa el señor Marquet cuando se sentÃa confuso.