El Misterio del cuarto amarillo
El Misterio del cuarto amarillo —Sepa usted, señor jefe de la Seguridad —prosiguió el señor Stangerson—, que mi hija habÃa jurado no dejarme nunca y cumplÃa su promesa a pesar de todos mis ruegos, pues varias veces intenté inducirla a casarse, como era mi deber. Llevamos conociendo al señor Robert Darzac muchos años. El señor Robert Darzac quiere a mi hija. Por un momento pude creer que ella también lo querÃa, pues recientemente tuve la alegrÃa de saber de propia boca de mi hija que accedÃa, por fin, a una boda que yo deseaba con todo mi corazón. Tengo una edad avanzada, señor, y fue una hora bendita aquella en que supe, por fin, que después de mà la señorita Stangerson tendrÃa a su lado para quererla y proseguir nuestros trabajos comunes a un ser que quiero y que estimo por su gran corazón y por su ciencia. Ahora bien, señor jefe de la Seguridad, dos dÃas antes del crimen, por no sé qué cambio de voluntad, mi hija me declaró que no se casarÃa con el señor Robert Darzac.
Hubo un silencio agobiante. El minuto era grave. El señor Dax prosiguió:
—¿Y no le dio la señorita Stangerson ninguna explicación ni le dijo por qué motivos?…