El Misterio del cuarto amarillo
El Misterio del cuarto amarillo —Las baldosas del servicio —dijo— no han sido fregadas por el tÃo Jacques desde hace algún tiempo. Puede verse por la capa de polvo que las cubre. Ahora bien, miren en este lugar la huella de dos suelas anchas y de la ceniza negra que acompaña por todas partes los pasos del asesino. Esta ceniza no es otra cosa que el polvo de carbón que recubre el sendero que hay que cruzar para venir directamente al Glandier desde Epinay, atravesando el bosque… Ya saben que en ese lugar hay una pequeña aldea de carboneros en la que se fabrica carbón de leña en grandes cantidades. He aquà lo que debió de hacer el asesino: penetró aquà por la tarde cuando no habÃa nadie en el pabellón y perpetró el robo.
—Pero ¿qué robo? ¿Dónde ve usted el robo? ¿Qué es lo que le indica el robo? —exclamamos todos a la vez.
—Lo que me puso sobre la pista del robo —continuó el periodista…
—¡Es esto! —interrumpió el señor Marquet, que seguÃa de rodillas.
—Exactamente —dijo el señor Rouletabille.
Y el señor Marquet explicó que efectivamente habÃa sobre el polvo de las baldosas, al lado de la huella de las dos suelas, la impresión fresca de un pesado paquete rectangular y que era fácil distinguir la señal de las cuerdas que lo ataban…